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lunes, 25 de julio de 2011

Times Past 18 - Un fragmento del Quijote (adaptado)

30-4-2005


El Blog de Jotace, siempre del lado de la cultura, les ofrece hoy (que hay más tiempo) una modesta adaptación del Quijote. Porque igual que si Beethoven viviese hoy, haría rock, si hoy viviese Don Miguel de Cervantes, estaría guionizando Novelas Gráficas.

El fragmento que les presento a continuación es el célebre momento en que el cura, el barbero y el ama revisan la biblioteca de Don Alonso Quijano, con la finalidad de solucionar su enfermdad por el expeditivo método de quemar los libros que tantas tonterías le metieron en la cabeza.


CAPÍTULO VI
Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo


El cual aún todavía dormía. Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana; entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de comics grandes muy bien encuadernados, y otros pequeños; y, así como el ama los vio, volviose a salir del aposento con gran prisa y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo:

—Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos comics y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.

Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos comics, uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego.

—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio y hacer un rimero de ellos y pegarles fuego, y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.

Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro Fantásticos de Lee y Kirby, y dijo el cura:

—Parece cosa de misterio esta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de superhéroes Marvel, y todos los demás han tomado principio y origen de este, y así me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin excusa alguna condenar al fuego.

—No señor —dijo el barbero—, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto, y así, como a único en su arte, se debe perdonar.

—Así es verdad —dijo el cura—, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él.

—Es —dijo el barbero— el Amazing Spiderman de Straczinsky y John Romita, hijo.

—Pues en verdad —dijo el cura— que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer.

Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.

—Adelante —dijo el cura.

—Este que viene —dijo el barbero—, es el X-Force de Liefeld, y aun todos los de este lado, a lo que creo, son del mismo linaje puesto que llevan una X.

—Pues vayan todos al corral —dijo el cura—; que a trueco de quemar a la reina Shi’ar y al pastor Xavier y a sus discípulos, y a las endiabladas y revueltas razones de su autor, Claremont, quemaré con ellos al padre que me engendró, si anduviera en figura de caballero andante.

—De ese parecer soy yo —dijo el barbero.

—Y aun yo —añadió la sobrina.

—Pues así es —dijo el ama—, vengan, y al corral con ellos.

Diéronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera, y dio con ellos por la ventana abajo.

—¿Quién es ese tonel? —dijo el cura.

—Este es —respondió el barbero— el Batman: Hush.

—El autor de ese libro —dijo el cura— fue el mismo que compuso Superman-Batman, y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o, por decir mejor, menos mentiroso. Sólo sé decir que este irá al corral por disparatado y arrogante.

—Este que se sigue es Increíble Hulk de Jones—dijo el barbero.

—¿Ahí está el señor Hulk?, replicó el cura—. Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su extraño nacimiento y sonadas aventuras; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él y con esotro, señora ama.

—Que me place, señor mío, respondía ella, y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.

—Este es Deathlok, en formato Biblioteca Marvel. —dijo el barbero.

—Antiguo libro es ese —dijo el cura—, y no hallo en él cosa que merezca venia; acompañe a los demás sin réplica.

Y así fue hecho.

Abriose otro libro, y vieron que tenía por título El Regreso del Señor (de la noche).

—Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir: «tras la noche está el diablo»; vaya al fuego.

[...]

Y, abriendo otro libro, vio que era Justice League Task Force, y junto a él estaba otro que se llamaba Liga de la Justicia Internacional. Lo cual visto por el licenciado, dijo:

—Esos Task Force se hagan luego rajas y se quemen, que aún no queden de ellos las cenizas; y los de la Liga de la Justicia Internacional se guarden y se conserven como a cosa única, y se haga para ello otra caja como la que halló Alejandro en los despojos de Darío, que la diputó para guardar en ella las obras del poeta Homero.

[...]

Todas las aventuras de la Liga son bonísimas y de grande artificio, las razones cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla con mucha propiedad y entendimiento. Digo, pues, salvo vuestro buen parecer, señor maese Nicolás, que este y los Cuatro Fantásticos queden libres del fuego, y todos los demás, sin hacer más cala y cata, perezcan.

[...]

—¡Válgame Dios! —dijo el cura, dando una gran voz—; ¡que aquí esté Watchmen! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está Búho Nocturno, valeroso caballero, y su camarada Rorschach, y el caballero Dr. Manhattan, con la batalla que el valiente Comediante hizo con Adrian Veidt, [...] Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros y duermen y mueren lejos de sus camas y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que le compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida.

[...]

—Este que se sigue —dijo el barbero—, es Wonder Woman, el llamado segundo volumen, de George Pérez, y este, otro que tiene el mismo nombre, pero el primer volumen, cuyos autores son diversos.

—Pues el primero —respondió el cura— acompañe y acreciente el numero de los condenados al corral, y el de Pérez se guarde como si fuera del mismo Apolo; y pase adelante, señor compadre, y démonos prisa, que se va haciendo tarde.