jueves, 19 de marzo de 2015

Evidencia circunstancial

A ver.

Imagina que tú conoces dos tipos, de los que sabes de buena tinta que son especialmente dados a, a, a, pongamos, mordisquear donuts. Son conocidos mordisqueadores de donuts. Se les ha visto en el pasado mordisqueando más de un donut y más de dos. Tampoco es que ellos vayan diciendo por ahí, "eh, mira, mira qué donut estoy mordisqueando", nada de eso, pero los que los conocemos sabemos de su querencia por mordisquear donuts. Un hecho conocido. De acuerdo.

Entonces, supón que vas por la calle y te encuentras un donut. 

Y este donut que digo presenta claras señales de mordisqueamiento. Vamos, que está mordisqueado.

Y los dos tipos antes citados, ya sabes, aquellos de los que más o menos se sabe que gustan de mordisquear donuts, pues... no están mordisqueando el donut, eso es cierto. Pero, atención, aunque nadie puede afirmar que les haya visto mordisquear el donut, sí hay testimonios que acreditan que los interfectos fueron vistos abandonando precipitadamente la escena del mordisqueamiento. 

¿Cómo lo veis? Evidencia circunstancial, ¿no? No hay pruebas concluyentes, ¿verdad?



Bueno, pues imaginad que no hablamos de donuts...

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