Los más viejos del lugar (pero han de ser muuuy viejos, ¿eh?), recordarán con agrado aquellos ya añejos posts (2005? Vaya usté a saber) en los que descubrimos con sorpresa la llamativa querencia del reportero más dicharachero de Metrópolis, nuestro Jimmy, por enfundarse a la mínima ocasión unas medias, unas falditas y unos zapatitos de tacón.

Lo que me parece que no señalamos en su momento fue que, a pesar de sus indiscutibles dotes para el, ejem, subterfugio, nuestro héroe no consiguió, ni por un solo momento, confundir a sus amistades. Y, si bien la presencia del perro parecería sugerir que el obstáculo son los afinados sentidos caninos, tan difíciles de distraer...

...en realidad, la información completa parece apuntar al hecho de que...

...es imposible que nada se interponga en el camino del Amor Verdadero.

Lo que me parece que no señalamos en su momento fue que, a pesar de sus indiscutibles dotes para el, ejem, subterfugio, nuestro héroe no consiguió, ni por un solo momento, confundir a sus amistades. Y, si bien la presencia del perro parecería sugerir que el obstáculo son los afinados sentidos caninos, tan difíciles de distraer...

...en realidad, la información completa parece apuntar al hecho de que...

...es imposible que nada se interponga en el camino del Amor Verdadero.












