miércoles, 30 de septiembre de 2009

Javito

¿Qué clase de friki que se precie es capaz de pedir unos tebeos prestados para no devolverlos jamás? Se diría que ninguno, ¿no? Pero, siendo así, ¿donde co*o están mis Xenozoic Tales? He pasado años dandole vueltas a esta aparentemente irresoluble paradoja...

...hasta ayer.

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Aunque hace al menos diez años que no le había visto, le reconozco en el acto. Javito, "el intermitente". Ex-compañero de equipo de basquet. Hábil con el bote, rápido al contraataque pero flojito en el tiro exterior, defensor esforzado, gran bebedor y juerguista. Un tipo simpático. Compartimos senior durante media temporada, en la que venía, desaparecía, volvía, volvía a desaparecer. La última vez que desapareció, se llevó consigo mis Xenozoic Tales. Enteritos. En una bolsa de plástico. En su teléfono no contestaba nadie. Nadie pudo darme razón de él. Se evaporó en el aire, y jamás le volví a ver.

Hasta ayer.

Mi primer impulso es chistarle y darme a conocer; pero, inmediatamente, el recuerdo de mis Xenozoic -y del hueco de mi estantería- me contiene. Esta vez no te escapas, Javito. Le dejo espacio y le sigo discretamente. Diez minutos después, Javito entra en un portal. Llego justo a tiempo de sujetar la puerta. Entro. Javito está entrando en el ascensor. No me ve. Corro a las escaleras. Primer piso, segundo, tercero. El ascensor se detiene y alcanzo a ver, agazapado tras la barandilla, cómo Javierito entra en el tercero segunda. Ya eres mío, campeón. Me dirijo a la puerta y hundo mi dedo en el timbre. Y ahí lo dejo.

- ¿Qué co*o...?, espeta, Javito, indignado. Míralo que majo.

- Hola, Javierito. Dónde están mis p*tos Xenozoic.




No es una pregunta. Es una tabla de salvación que le lanzo. Confiesa o muere. J*der, es que estamos hablando de mis Xenozoic. Su cara cambia de color; me ha reconocido. Comienza a balbucear, descolocado. Aprovecho el momento, le aparto con energía y me meto dentro. Y veo... oh, dios.

Un pasillo largo, de casa antigua. ¿Ocho, diez metros? Más estrecho de lo normal, porque a ambos lados del pasillo hay... estanterías. Y están... llenas de comics. Americano, europeo, independiente, manga. En castellano, en catalán, en gallego, en inglés, en francés. Avanzo tambaleándome de la impresión. Abro una puerta. Da a una habitación. Forrada de estanterías. Llenas de más comics. Por todas partes. Hasta donde alcanza la vista. Clasificados, ordenados, pulcramente alineados. Por todas partes. ¡Por todas partes!

Javito me agarra suavemente del brazo y me lleva al comedor. Por decir algo. En el comedor no hay más que un sillón y un taburete que parece hacer las veces de reposapiés. Y estanterías, claro. Con sus correspondientes tebeos. Javito me sienta en el sillón, desaparece y vuelve al poco con un vaso de agua. Se sienta a su vez, en el reposapiés, y comienza a hablar.

- También es casualidad... en fin, supongo que tarde o temprano tenía que acabar ocurriendo. Me alegra que hayas sido tú; aunque no me creas, la verdad es que sentí mucho perder tu amistad.

Tu amistad, mis coj*nes, pienso para mí.

- Cuantos... ¿cuantos de éstos son...?, pregunto, con la voz todavía entrecortada.

- ¿"Prestados"? Pues todos, claro.

- ¿To-todos? A estas alturas, ya sólo me sale un hilillo de voz.

- Todos. Y más que tengo en otros lugares. Verás. A dios gracias, provengo de una familia de posibles, así que el dinero nunca fue problema para mí. Eso me ha permitido matricularme en escuela tras escuela y, luego, en universidad tras universidad. Me he federado en baloncesto, fútbol, hockey -sobre patines, sobre hierba y sobre hielo-, waterpolo y balonmano. Deportes de equipo, ya sabes. Campechana camaradería, ambiente sano. En Barcelona, en Madrid, en Sevilla, por todas partes un poquito. Siempre bajo nombre y dirección falsos, claro. El tiempo suficiente para descubrir al friki del equipo o de la clase, ganarme su confianza y conseguir que me prestase sus tebeos.

- Tú... farfullo, alucinado.

- Ha habido algunos muy duros, no creas... en ocasiones, hasta he llegado a ser padrino de boda de los más recalcitrantes. Pero, tarde o temprano, acababan cediendo, prestándome sus tesoros... y yo desapareciendo, claro. Con otros era más fácil presentarme como un perfecto desconocedor del comic; en esos casos, llegaban a suplicarme -¿te lo puedes creer?- que me llevase sus comics y los leyera... supongo que creían cumplir una sagrada tarea de evangelización friki. No veas.

La cabeza me da vueltas. Creo que voy a matar a este c*brón.

- ¿P-pero.. por qué?

- Verás, la primera vez fue completamente accidental. En el colegio. Un chaval, compañero de clase, me prestó unos tebeos y... desapareció. Cambió de colegio, o de ciudad, o... yo qué se. No importa. Se fue, y ya está. Pero me dejó sus tebeos. Para mí. Míos. Tebeos gratis, ¿comprendes? ¡Gratis! ¡El Santo Grial del lector de comics! Una vez empecé, ya no pude parar. Tú lo entiendes, ¿verdad? Leo tu blog. Hasta he dejado algún comment alguna vez. Tú también quieres Servicio de Prensa, ¿verdad? Se ve claramente. Tú también deseas tebeos gratis. Todos lo hacemos. Es sólo que yo...

No le dejo seguir. Le lanzo el vaso de agua a la cara y voy a por su cuello. Lamentablemente, soy lento. Para cuando llego, el ya se ha apartado y me sacude con suficiencia, casi con elegancia. Será de tanto deporte, pienso absurdamente. Mientras pierdo la consciencia, oigo de nuevo su odiosa voz.

- Es sólo que yo decidí hacer algo al respecto.

Me despierto. Hay menos luz. Es de noche. Estoy de nuevo en el sofá. Pero Javito no está. Ni los comics. En el piso sólo quedamos yo e hileras e hileras de vacías estanterías. La cabeza me duele horrores. Igual aquella agua no era agua. Sé que le he perdido. Otra vez. Me levanto para irme.

Hay una bolsa de plástico apoyada contra la puerta de la calle. La abro.

Son mis Xenozoic Tales.

Volveremos a vernos, Javito.

Volveremos a vernos.

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